Ya Cumple una Condena de 10 Años, Pero Ahora el Gobierno Federal Va por Su Destierro Absoluto

¡No manches! ¿A poco de veras pensaba que sus secretos se quedarían encerrados para siempre? Hay pecados tan oscuros que ni la sotana más sagrada puede tapar, mi gente. Manuel Antonio La Rosa-López ya está tras las rejas pagando por sus delitos, pero el destino le tenía guardado el golpe más amargo de todos: ¡se le cayó el teatrito con sus papeles de migración!
El Secreto Detrás de la Sotana
El protagonista de esta trágica historia es un sacerdote originario de Perú que por años guio a la comunidad católica en la Iglesia del Sagrado Corazón en Conroe, Texas. Pero mientras daba la bendición los domingos, en las sombras cargaba con una culpa terrible: el abuso de dos jovencitos de su propia parroquia entre los años 90 y 2000.
La justicia lo alcanzó en 2018 y, tras declararse culpable, en 2020 fue sentenciado a 10 años de prisión, condena que hoy en día sigue cumpliendo en una celda. Pero espérense, porque aquí viene el verdadero giro dramático… ¡el golpe federal que no se esperaba!
La Mentira que Lo Condenó al Destierro
Este 22 de julio de 2026, mientras él pasa sus días tras las rejas, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos le dejó caer la guillotina civil: metieron una demanda para revocarle la ciudadanía americana porque el señor mintió descaradamente.
Resulta que cuando este sacerdote peruano firmó sus papeles de naturalización, juró con la mano en el corazón que era una blanca palomita y que jamás había cometido un delito por el que no hubiera sido arrestado. ¡Qué cinismo! Ocultó sus monstruosos crímenes del pasado para conseguir el pasaporte azul.
Pero gracias a la “Operación Falso Refugio” de ICE, las autoridades le cacharon la movida. La ley aquí no se anda con juegos: si te hiciste ciudadano con mentiras, esa ciudadanía no vale nada.
El Final del Camino: Sin Papeles y Rumbo a la Expulsión
Hoy, al exsacerdote peruano ya no solo le espera terminar de pagar su tiempo en la cárcel, sino la peor de las humillaciones para cualquiera que emigra: perder la ciudadanía estadounidense por fraude. En cuanto ponga un pie fuera de la prisión, no le quedará más que el destierro y el regreso forzado a Perú. Una muestra de que tarde o temprano, la justicia siempre cobra la factura.



