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Madison, Wisconsin (9 de diciembre de 2025).— El Overture Center for the Arts abrió oficialmente sus Exposiciones de Invierno 2025/26, una ambiciosa y diversa programación artística que invita a reflexionar sobre cómo el patrimonio cultural, las historias personales y la memoria colectiva continúan dando forma al sentido de pertenencia en las comunidades contemporáneas.
A través de múltiples lenguajes del arte visual —pintura, grabado, instalaciones, retrato e improvisación visual— los artistas participantes transforman recuerdos familiares, experiencias migratorias y herencias culturales en obras que dialogan con el presente. Las exposiciones, distribuidas en las distintas Galerías Overture, destacan la resiliencia cultural y muestran cómo la identidad se renueva constantemente mediante el arte, la narración y la experiencia compartida entre generaciones y culturas.
Las muestras de Playhouse Gallery y Rotunda Gallery permanecerán abiertas hasta el domingo 22 de febrero de 2026, mientras que las exposiciones de las Galerías I, II y III podrán visitarse hasta el domingo 8 de marzo de 2026.
La recepción oficial de las Exposiciones de Invierno 2025/26 se realizará el viernes 9 de enero de 2026, de 5:30 p. m. a 8:30 p. m., en el Rotunda Stage, con charlas de los artistas a partir de las 6:00 p. m., brindando al público la oportunidad de conocer de cerca las inspiraciones y procesos creativos detrás de cada obra.
Galerías y exposiciones destacadas

GALERÍA I – “Entre Memorias y Nepantla”
Ariana Gutiérrez y Christie Tirado
Del 9 de diciembre al 8 de marzo
Esta exposición explora la identidad, la migración y la memoria cultural desde la pintura y el grabado. Gutiérrez aborda la experiencia birracial y el concepto de Nepantla —un espacio de intersección cultural— mediante el autorretrato y la experimentación material. Por su parte, Tirado se inspira en historias familiares para revelar cómo la migración moldea la identidad dentro de la diáspora mexicana.
GALERÍA II – “Negro Manifiesto”
Marlon Howard Banks y Sharon L. Bjyrd
Del 9 de diciembre al 8 de marzo
Una poderosa narrativa visual que reflexiona sobre la presencia, el poder y el desarrollo de la comunidad negra. La obra combina las meditaciones íntimas de Bjyrd sobre la feminidad negra con el estilo simbólico y narrativo de Howard Banks, definido por el propio artista como “Adelante y Negro”.
GALERÍA III – “¿Hacia dónde vagas?”
Shlomit Cohen Kafri y Connie Yu
Del 9 de diciembre al 8 de marzo
Una exploración sensible de la alienación, el desplazamiento y la sanación. Ambas artistas reflexionan sobre el pasado y el presente desde la ternura, buscando caminos de pertenencia en medio de la incertidumbre.

PLAYHOUSE GALLERY – “Indiana Green Invitational 2025”
Exposición colectiva curada por la revista Artdose
Del 25 de noviembre al 22 de febrero
Esta muestra anual reúne obras bidimensionales y tridimensionales de artistas que viven y trabajan en el Medio Oeste, ofreciendo una mirada al panorama del arte contemporáneo regional.
Panel de artistas: sábado 10 de enero de 2026, de 4:30 a 5:30 p. m., en el Wisconsin Studio.
ROTUNDA GALLERY – “Retratos como Jazz: Improvisación en Sonido; Improvisación en Forma”
Martel Chapman
Del 25 de noviembre al 22 de febrero
Un homenaje visual a los grandes creadores del jazz. Chapman explora la improvisación sonora y formal, conectando tradiciones culturales que van desde África hasta su impacto global en el arte contemporáneo.
ROTUNDA STUDIO – “Terrícolas: Revisitados”
Jeanne C. Wilkinson
Del 28 de febrero al 8 de marzo
Como parte del Fringe Festival 2026, esta instalación inmersiva invita al público a experimentar la maravilla del mundo natural a través de luz, color y movimiento, con proyecciones que celebran la belleza de animales, árboles y paisajes.
Información para el público

Las Galerías Overture están abiertas de lunes a sábado, de 11:00 a.m. a 6:00 p.m., y domingos, de 12:00 p.m. a 6:00 p.m., además de permanecer accesibles durante eventos y presentaciones en el edificio.
El Overture Center for the Arts, organización sin fines de lucro 501(c)(3), reafirma con esta temporada su misión de fortalecer la cultura creativa, la economía y la calidad de vida de la comunidad, ofreciendo cada año más de medio millón de experiencias artísticas y educativas en Madison y la región.
Entrevista a Ariana Gutierrez
P: Tu obra dialoga con temas de identidad y pertenencia. ¿De qué manera la experiencia de la migración laboral mexicana —especialmente la de quienes cruzan fronteras por necesidad económica— ha influido en tu proceso creativo y en los mensajes que buscas transmitir?
R: Al crecer como comomexicano-estadounidense, presencié de primera mano los sacrificios que hacen los trabajadores migrantes en busca de mejores oportunidades. Mi obra refleja las luchas personales y colectivas en torno a la identidad, en particular la sensación de estar entre dos mundos que muchos trabajadores migrantes experimentan. En mi proceso creativo, esta tensión se visualiza mediante la yuxtaposición de materiales tradicionales y no tradicionales, encarnando tanto la desconexión como la resiliencia. En definitiva, mi arte busca honrar a quienes continúan forjándose un lugar a través del sacrificio, la perseverancia y la búsqueda de una vida mejor.
P: Las diásporas mexicanas están marcadas por el trabajo: en el campo, la construcción, los servicios y otros sectores esenciales. ¿Cómo representas en tu arte las historias, los sacrificios y la dignidad de estas personas trabajadoras migrantes?
R: Mi obra utiliza la elección de materiales y el autorretrato para abordar el desplazamiento, la resistencia y las historias laborales vinculadas a la experiencia migratoria. Al posicionar mi propio cuerpo en la obra, honro la dignidad del trabajo migrante sin idealizar las dificultades.
P: Como artista mexicoamericana, ¿cómo navegas la dualidad entre el país de origen y el país de destino, y de qué forma esa tensión se refleja en tu obra cuando abordas el trabajo migrante como eje central de la experiencia migratoria?
R: Constantemente aprendo a aceptar la tensión de existir entre culturas en lugar de resolverla. La dualidad que se requiere a través del trabajo, aunque a menudo sea socialmente invisible, refleja mis propias experiencias como mexicoamericana y es fundamental para mi manera de abordar el trabajo y la identidad en mi obra.
P: Muchas familias migrantes heredan el trabajo duro como parte de su identidad cultural. ¿Crees que el arte puede funcionar como una herramienta de memoria colectiva y de denuncia social frente a las condiciones laborales que enfrentan las comunidades mexicanas en la diáspora?
R: Absolutamente. El arte puede preservar memorias que a menudo se excluyen de las historias oficiales y visibilizar el trabajo y el silencio inherentes. Se convierte en una forma de honrar las experiencias vividas, a la vez que desafía al espectador a confrontar condiciones que a menudo se normalizan e ignoran.
P: En el contexto actual, donde la migración por trabajo sigue siendo un tema político y socialmente sensible, ¿qué reflexión esperas provocar en el público al confrontarlo con las realidades laborales de la comunidad mexicana migrante a través de tu obra?
R: Espero fomentar la empatía basada en el reconocimiento, más que en la lástima, impulsando al espectador a ver a los trabajadores migrantes como individuos complejos. Mi obra invita a la reflexión sobre la pertenencia y la identidad como fuerzas profundamente arraigadas en la vida cotidiana, y exige mayor dignidad y equidad.
Entrevista a Christie Tirado
P: Tu obra aborda temas de identidad y pertenencia. ¿Cómo ha influido la experiencia de la migración laboral mexicana, especialmente la de quienes cruzan la frontera por necesidad económica, en tu proceso creativo y en los mensajes que buscas transmitir?
Como hija de inmigrantes mexicanos, crecí aprendiendo que el “hogar” puede ser más de un lugar y que no siempre está ligado a un solo espacio. He vivido la sensación de pertenecer a múltiples espacios a la vez, y también a espacios donde sabía que ni mi familia ni yo éramos bienvenidos ni bienvenidos. El hogar no es fijo cuando tu familia siempre se muda por trabajo, cuando el trabajo de tus padres te lleva de un pueblo a otro, y aprendes a medir el lugar por la gente, por la rutina, por lo que te queda después de irte.
En la historia de mi familia, la migración no es un evento único, sino un ritmo. La historia de mi familia en Estados Unidos está entrelazada con el movimiento. Mis dos abuelos cruzaron fronteras a lo largo de su vida, yendo y viniendo a trabajar, y regresando a casa para proveer. No se fueron porque buscaran una nueva identidad, sino porque la supervivencia lo exigía. Y yo soy fruto de esa necesidad, nací aquí pero crecí con raíces arraigadas en otros lugares: en el idioma, en la comida, en las historias, en tradiciones que viajaron a través del tiempo y el espacio.
Los talleres de grabado, en particular, se han convertido en un lugar de pertenencia para mí. Forman una especie de comunidad que reconozco, donde se pueden hablar los idiomas que llevo, donde se intercambian historias a través del proceso y donde crear se convierte en una forma de estar con los demás. Hay algo en el ritmo compartido del taller: la tinta en las manos, el papel secándose en los estantes, el movimiento constante de las herramientas, que se siente como un hogar que no está atado a un solo lugar.
El grabado es una labor: tallar, entintar, granular, prensar, repetir el mismo gesto hasta convertirlo en un registro. Y regreso a esa labor porque refleja los mundos que mi familia comprende. En mis imágenes, regreso a los símbolos que nos encierran: el maíz, las plantas, las mariposas, los retratos, las herramientas de la vida cotidiana, porque cargan historias y recuerdos que tan fácilmente se pasan por alto. Encierran ternura y verdad. Encierran el dolor de la distancia y el orgullo de seguir creciendo.
Lo que espero transmitir es que la migración laboral mexicana no es invisible, incluso cuando la sociedad se niega a mirarla. Son vidas llenas de historia, conocimiento, cuidado y dignidad. Mi trabajo es una forma de decir que estamos aquí, que siempre hemos estado aquí, y que nuestras historias merecen ser reconocidas con cariño.
P: Las diásporas mexicanas están marcadas por el trabajo: en la agricultura, la construcción, los servicios y otros sectores esenciales. ¿Cómo representas las historias, los sacrificios y la dignidad de estos trabajadores migrantes en tu arte?
Aunque las diásporas mexicanas suelen estar marcadas por el trabajo, es importante decir que no somos un monolito. Cada uno tiene su propia historia, sus propias razones para irse. Por eso, en mi trabajo me centro en lo específico: la historia de mi familia y en los pequeños detalles donde realmente reside la dignidad.
Un ejemplo es una estampa que hice de mi madrina haciendo tortillas. A primera vista, es una escena doméstica tranquila, pero para mí encierra todo un mundo: el trabajo invisible del hogar, el conocimiento guardado en sus manos, las historias que incorporaba a la masa mientras la prensábamos, las palmas a la masa, la masa al comal, y cómo la cultura se mantiene viva mediante la repetición. Hacer tortillas no es solo “cocinar”, es cuidado, tradición, supervivencia y memoria. Es también una especie de archivo: el cuerpo recuerda medidas que nunca se escribieron, calor que se siente sin cronometrar, un ritmo que se transmite de generación en generación.
Eso es lo que siempre intento honrar cuando hablo del trabajo. Sí, existe el trabajo en la agricultura, la construcción y los servicios, pero también existe el trabajo invisible que mantiene unidas a las familias: alimentar a la gente, criar a los hijos, traducir para los padres o abuelos, contar historias y mantener viva la lengua y la tradición. El grabado se convierte en el medio ideal para esto porque requiere su propia forma de trabajo: tallar, entintar, prensar, repetir un gesto hasta dejar una huella. De esa manera, el proceso refleja las vidas de las que hablo.
P: Como artista mexicano-estadounidense, ¿cómo navega la dualidad entre su país de origen y su país de destino, y cómo se refleja esa tensión en su trabajo cuando aborda el trabajo migrante como el foco central de la experiencia migratoria?
Como artista mexicoamericana, navego constantemente en una sensación de “ambos/y”. Nací en Estados Unidos de padres mexicanos y tuve el privilegio de viajar de ida y vuelta para visitar a mi familia, así que México vivió en mí tanto como vivió en el mapa: a través del idioma, la comida, las historias familiares y la tradición. La dualidad no es una división clara entre dos países: es una negociación diaria. Algunos días se siente como una expansión, como si pudiera pertenecer a múltiples historias. Otros días se siente como una tensión, como si se esperara que uno se traduzca, suavice su acento o justifique su presencia en espacios que aún no están listos para que ocupe espacio.
Esa negociación está muy presente en mi autorretrato. Días Turquesas . En la pieza, miro ligeramente hacia un lado, sin mirar nunca completamente hacia adelante, lo que para mí refleja esa sensación de estar “en medio”, siempre consciente de múltiples mundos a la vez. Tras la figura, el fondo en relieve se convierte en su propio lenguaje: contiene lo que no se dice en voz alta. El relieve es sutil; hay que acercarse, hay que dejar que la luz lo revele, por lo que se convierte en una forma de hablar sobre las presiones silenciosas que moldean la identidad diaspórica: lo que se transmite, lo que se suprime, lo que perdura como textura en lugar de titular.
El trabajo se convierte en el hilo que conecta esos mundos en mi obra. Es un tema transversal, pero lo abordo como algo más que un simple empleo o una industria. Me interesa el trabajo como experiencia vivida: el trabajo de cuidar, el trabajo de mantener intacta la cultura cuando estás lejos de donde comenzó. Y también pienso en el trabajo de otra manera, el trabajo de aprender un nuevo idioma, aprender nuevos sistemas, aprender a moverte por espacios que no fueron construidos para ti, todo mientras sigues intentando mantener vivas las tradiciones y la cultura de tu madre, tu padre, tus abuelos y tus antepasados. Preservar tu historia es un trabajo en sí mismo. Es como cuando tus abuelos insisten en que hables español, tu lengua materna, para que no lo olvides. Esa insistencia es amor, pero también es preservación, porque las historias que te cuentan en su idioma no se pueden traducir completamente al inglés; no es lo mismo.
Visualmente, esa tensión se manifiesta a través de la repetición y la superposición de imágenes, retratos, escenas domésticas, símbolos culturales y el lenguaje físico del propio grabado. La forma en que una imagen se imprime en el papel, la forma en que la textura retiene la luz, la forma en que una figura puede sentirse presente y ligeramente distante, todo ello refleja lo que se siente al vivir a través de las fronteras, incluso cuando el cuerpo permanece en un solo lugar. Mi objetivo es mostrar que el trabajo migrante no lo es todo en la experiencia migratoria, sino que a menudo es la condición que configura todo lo demás: cómo vivimos, dónde vivimos, qué llevamos y qué transmitimos.
P: Muchas familias migrantes heredan el trabajo duro como parte de su identidad cultural. ¿Crees que el arte puede funcionar como una herramienta para la memoria colectiva y la denuncia social de las condiciones laborales que enfrentan las comunidades mexicanas en la diáspora?
Creo que el arte puede funcionar como una herramienta para la memoria colectiva y también como una forma de denuncia social. Pero siempre quiero ser cuidadoso con… cómo Esa denuncia ocurre. Nuestras comunidades a menudo son etiquetadas por la sociedad como “trabajadores esforzados”, como si eso fuera todo lo que somos, y esa etiqueta no es algo que elegimos. Y aunque el trabajo duro… poder Sé parte de lo que llevamos dentro, nunca lo es todo. Nuestras identidades no son fijas, sino multidimensionales y en constante cambio, cambiando, evolucionando y transformándonos a medida que nos movemos por diferentes lugares, idiomas y épocas.
Para mí, el arte se convierte en una forma de recordar lo que la historia dominante olvida. Se convierte en un archivo de lo cotidiano: las manos que preparan la comida, los cuerpos que se mueven a través del trabajo, los rituales que sobreviven al desplazamiento. Utilizo el retrato y los símbolos, el maíz, las plantas, las escenas domésticas y las texturas del grabado, porque la cultura no es abstracta. Vive en el cuerpo y en la repetición.
Y sí, la obra puede denunciar, a veces no gritando, sino visibilizando lo que se borra rutinariamente. En el grabado, el acto de imprimir una imagen en papel se convierte en su propia metáfora; la presión deja evidencia. Mi objetivo es que los espectadores se reconozcan a sí mismos y a sus familias, y que sientan la responsabilidad de ver a las comunidades migrantes como seres humanos plenos que también traen consigo sus propias experiencias vividas.
P: En el contexto actual, donde la migración laboral sigue siendo un tema política y socialmente sensible, ¿qué reflexión espera provocar en el público al confrontarlo con las realidades laborales de la comunidad migrante mexicana a través de su trabajo?
A:Espero generar reconocimiento. Al mostrar el trabajo como humano, sus manos, su hogar, su idioma, sus historias y la labor cotidiana de sobrevivir y preservar la cultura, quiero que los espectadores se pregunten quién se beneficia de este trabajo, quién se hace (in)visible y cómo se ve la dignidad cuando se la ve de verdad.

