Por la Redacción de WisconsinLCnews.com
El frío de Manhattan en diciembre no suele ser el preludio de una tragedia, pero para Ariana Velásquez, de 14 años, fue el día en que su vida se detuvo en seco. Ariana no es una desconocida; es la chica que ayudaba a sus hermanos con la tarea en Hicksville, la que amaba a su maestra de lenguaje de señas y la que soñaba con las canchas de voleibol. Pero ese primero de diciembre, cuando entró a las oficinas de ICE en Federal Plaza junto a su madre, Stephanie, no hubo una salida triunfal. No hubo una despedida. Solo hubo una orden, un avión y un destino que parece sacado de una pesadilla: Dilley, Texas.
A miles de kilómetros de su hogar, en un paraje polvoriento donde el horizonte se confunde con el miedo, se levanta el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley. No te dejes engañar por el nombre técnico. Bajo la gestión de la gigante de prisiones privadas CoreCivic, Dilley se ha convertido en el escenario de un drama humano que desafía la lógica y la compasión. Aquí, los villanos no usan máscaras, sino uniformes; y las víctimas no son criminales, sino niños que visten sudaderas grises del gobierno y se preguntan qué hicieron mal para terminar tras las rejas.
El Regreso de la Jaula de Cristal
La historia de Dilley es la historia de una traición política. Durante años, nos dijeron que Estados Unidos no estaría más en el negocio de detener familias. Pero con el regreso de las políticas de deportación masiva, el complejo de tráileres y dormitorios de Texas ha vuelto a cobrar vida, operando como una maquinaria de desmantelamiento familiar.
Lo que hace que esta etapa de Dilley sea especialmente siniestra es quiénes están adentro. Ya no se trata solo de personas recién llegadas en la frontera. Ahora, el sistema está cazando en nuestras propias calles. Están deteniendo a padres que tienen años pagando impuestos, a madres que asisten a sus citas de supervisión con la frente en alto, y a niños que hablan inglés perfectamente y cuyos únicos recuerdos son de este país.
La investigación de ProPublica revela una cifra que debería hacer temblar a cualquier legislador: aunque la ley dice que un niño no debe estar más de 20 días en estos centros, la realidad es que más de 300 menores han sido retenidos por más de un mes. Algunos, como la joven Habiba Soliman de 18 años, han pasado más de ocho meses encerrados junto a sus hermanos pequeños, convertidos en peones de un juego político de alta seguridad.
Rostros en la Oscuridad: Los Testimonios
Si esto fuera una telenovela, diríamos que el guion es demasiado cruel para ser cierto. Pero las cartas que salieron de Dilley, escritas con caligrafía infantil y manchas de lágrimas, son la prueba irrefutable del dolor.

Maria Antonia Guerra, una pequeña colombiana de 9 años con gafas gruesas, tenía un plan sencillo: ir a Disney World. Viajaba con su disfraz de Cruella de Vil en la maleta, lista para ver el castillo de Mickey. Pero en lugar de fuegos artificiales, encontró celdas. Su madre, Maria Alejandra, había cometido el “pecado” de quedarse más tiempo del que permitía su visa años atrás, a pesar de estar casada ahora con un ciudadano estadounidense. Fueron interceptadas en el aeropuerto. “Siento que estar aquí fue mi culpa”, escribió Maria Antonia. El trauma fue tal que la niña se desmayó dos veces dentro del centro. Su “vacación” se convirtió en 100 días de cautiverio antes de ser deportada a Colombia.

Luego está el caso de Susej Fernández, una niña venezolana de 9 años que vivía en Houston. Pasó 50 días en Dilley. Su visión de “la tierra de la libertad” cambió para siempre entre esas cuatro paredes. O el de Gustavo Santiago, un adolescente de 13 años de San Antonio, quien lanzó una súplica al mundo: “Siento que nunca saldré de aquí. Solo pido que no se olviden de nosotros”. Gustavo no entiende por qué, si su vida estaba en Texas, el mismo Texas lo mantiene prisionero.
La Salud: Una Ruleta Rusa de Ibuprofeno
En el thriller de Dilley, el peligro no solo viene de los guardias con “malos modos”, como denunció la joven Gaby M.M. en su carta. El peligro real es invisible. La falta de atención médica adecuada ha transformado el centro en una placa de Petri de enfermedades.

La organización RAICES ha documentado más de 700 incidentes de atención médica insuficiente desde agosto de 2025. Los relatos son escalofriantes. Madres como Kheilin Valero vieron cómo sus bebés se consumían frente a sus ojos. Su hija Amalia, de solo 18 meses, pasó dos semanas recibiendo nada más que ibuprofeno mientras su respiración se volvía un silbido agónico. Solo cuando la bebé estaba al borde de la muerte fue trasladada a un hospital en San Antonio con neumonía, bronquitis, COVID-19 y RSV. Estaba desnutrida. Había vomitado todo lo que le daban en el centro.
Y mientras el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) emite comunicados fríos asegurando que hay “dietistas certificados” y “atención médica de calidad”, las llamadas al 911 desde el interior del centro cuentan la verdad prohibida: ataques de epilepsia, mujeres embarazadas desmayadas y un brote de sarampión que obligó a cancelar las visitas legales en febrero de 2026.
El Negocio del Hambre
Hablemos de la comida, porque en Dilley, el hambre es una herramienta de control. Los niños reportan haber encontrado gusanos y moho en sus bandejas. Ariana Velásquez recordaba con asco el guiso amarillento y las hamburguesas secas. Para un niño que está acostumbrado a los almuerzos escolares y a la cocina de su madre, el comedor de Dilley es un recordatorio constante de su estatus de “recluso”.

Incluso la educación es una farsa. Alexander Pérez, de 15 años, cuenta que las clases duran apenas una hora y son para grupos mezclados donde a los adolescentes les dan hojas de trabajo para niños de primaria. Cuando Alexander intentó quejarse de que las lecciones se sentían como interrogatorios sobre su estatus migratorio, simplemente dejó de ir. Prefirió pasar sus días durmiendo o viendo telenovelas, tratando de que el tiempo pasara más rápido en ese limbo de cemento.
El Impacto: Una Comunidad Bajo Fuego
¿Por qué esto nos debe importar en Wisconsin, en Nueva York, en cada rincón de este país? Porque lo que sucede en Dilley es un ataque directo al corazón de la familia latina. No están deteniendo a “monstruos”; están deteniendo a la madre que te vende el café, al padre que construye los edificios de nuestras ciudades y a los niños que serán los profesionales del mañana.
El costo de estas políticas no se mide solo en dólares pagados a CoreCivic. Se mide en el trauma generacional. Ariana y su madre fueron liberadas sorpresivamente en enero de 2026, dejadas en una terminal en Laredo con un monitor de tobillo y la urgencia de volver a casa. Pero el regreso no fue un “final feliz”.
Stephanie, la madre de Ariana, perdió su empleo. Su jefe no quería a alguien con un “grillete” en la pierna. Jacob, el hermano pequeño de Ariana, vive en un estado de terror constante. Cada mañana, antes de ir al kinder, su madre tiene que jurarle que no se irá de nuevo, que no desaparecerá otra vez en una oficina de ICE. Ariana, por su parte, trata de ocultar su dolor. En la escuela, cuando le preguntan dónde estuvo tanto tiempo, ella baja la mirada y dice: “Tuve que ir a Texas por algo”. Es una vergüenza que no debería cargar una niña de 14 años.
La Gran Mentira del “Bienestar”
El gobierno defiende Dilley diciendo que es una alternativa “humanitaria” a la separación familiar. Dicen que, al estar juntos, el daño es menor. Pero los expertos y los propios testimonios dicen lo contrario. Ver a tu madre llorar porque no puede darte una medicina, ver a tu padre ser humillado por un guardia, estar encerrado sin saber cuándo saldrás… eso no es bienestar. Eso es una tortura psicológica lenta.

El sistema de Dilley es una maquinaria diseñada para romper la voluntad de nuestra gente. Les dan una “opción” que no es opción: o aceptan la deportación conjunta, o dejan a sus hijos en el sistema de cuidado temporal (foster care) mientras ellos son expulsados. Es un chantaje emocional financiado con dinero público.
Conclusión: El Grito que No Pueden Silenciar
La historia de los niños de Dilley no ha terminado. Mientras lees esto, hay otros niños, otras “Arianas” y otros “Gustavos”, mirando las cercas de Texas. Hay familias que siguen esperando que alguien escuche su voz.
El periodismo de Mica Rosenberg y ProPublica ha logrado abrir una grieta en los muros de Dilley, pero la responsabilidad de cerrar esas celdas recae en la sociedad que permite que esto ocurra en su nombre. Ariana Velásquez hoy intenta recuperar su vida, planeando entrar al equipo de voleibol y ayudando a sus hermanos, pero su corazón sigue en parte allá, con los amigos que dejó atrás, con los que todavía comen comida con moho y duermen en literas de metal duro.
“Deseo que salgan”, dijo Ariana antes de colgar el teléfono. “Porque no deberían estar allí ni un día más”.
La pregunta para nosotros es: ¿Hasta cuándo vamos a permitir que el desierto de Texas siga devorando el futuro de nuestros hijos? El silencio es complicidad, y en la historia de Dilley, ya ha habido demasiado silencio.
Atribución: Este reporte está basado en el periodismo investigativo original realizado por Mica Rosenberg y publicado en ProPublica el 9 de febrero de 2026. Los datos sobre detenciones fueron analizados a través del Deportation Data Project, cubriendo registros hasta octubre de 2025.
¿Qué puedes hacer tú? Si conoces a alguien que haya trabajado o estado detenido en Dilley, o tienes información sobre las empresas que operan estos centros, puedes contactar a los investigadores de ProPublica de forma segura. Nuestra comunidad merece la verdad completa.
GUÍA DE EMERGENCIA: ¿Qué hacer si un familiar es detenido en una cita de ICE?
Lo que le pasó a Ariana y Stephanie en Manhattan es una señal de alerta para todos. Las citas de “rutina” con ICE (Check-ins) se han vuelto puntos de emboscada. La preparación no es paranoia, es protección. Aquí te decimos cómo blindar a tu familia ante lo inesperado.
1. El “Plan de Salida” (Antes de la cita)
Nunca vayas a una cita de ICE pensando que “todo saldrá bien porque siempre ha sido así”.
- Designa un “Contacto de Emergencia”: Alguien que no esté en riesgo migratorio y que tenga copia de todos tus documentos.
- Poder Legal (Power of Attorney): Deja firmado un documento legal que autorice a alguien de confianza a cuidar de tus hijos y manejar tus finanzas (pagar renta, mover tu auto) si no regresas.
- Cuidado de Niños: Ten un plan escrito sobre quién recogerá a los niños de la escuela. Asegúrate de que la escuela tenga a esa persona en la lista de autorizados.
2. Kit de Documentos de Emergencia
No lleves los originales a la cita (a menos que tu abogado lo pida), pero ten una carpeta lista en casa con:
- Copia del pasaporte y acta de nacimiento.
- Número de Registro de Extranjero (A-Number).
- Copia de tu última orden de supervisión o documentos de asilo.
- Pruebas de tus raíces en EE. UU. (recibos de impuestos, cartas de tu iglesia, récords escolares de tus hijos). Esto es vital para pelear una fianza.
3. El Momento de la Cita: Reglas de Oro
- Lleva un Abogado: Si puedes costearlo o conseguir uno de una organización sin fines de lucro, no vayas solo. La presencia de un abogado puede disuadir una detención arbitraria.
- No firmes nada: Si te detienen, es probable que te presionen para firmar una “Salida Voluntaria” (Deportación voluntaria). NO LO HAGAS. Tienes derecho a ver a un juez. Di: “I will not sign anything without my lawyer present.”
- El Teléfono: Antes de entrar al edificio, envía un mensaje a tu contacto de emergencia: “Estoy entrando a mi cita a las [Hora]. Si no te llamo en dos horas, activa el plan de emergencia”.
4. Si la detención ocurre: Pasos Críticos
Si el familiar no sale de la oficina:
- Localízalo de inmediato: Usa el Sistema de Localizador de Detenidos de ICE en línea. Necesitarás el A-Number o el nombre completo, fecha de nacimiento y país de origen.
- Contacta al Consulado: Llama al consulado de tu país (México, Honduras, Colombia, etc.). Ellos tienen la obligación de rastrear el paradero de sus ciudadanos y asegurar que no haya abusos físicos.
- Activa la Red de Apoyo: Contacta a organizaciones locales (como Voces de la Frontera en Wisconsin o RAICES en Texas). La presión pública y mediática a veces puede frenar un traslado rápido a centros lejanos como Dilley.
5. ¿Cómo ayudar a los niños?
Como vimos con el pequeño Jacob en la historia de Dilley, el trauma infantil es profundo.
- Mantén la calma: Los niños absorben tu miedo. Explícales que “hay un problema con los papeles”, pero que hay mucha gente trabajando para solucionarlo.
- Busca apoyo psicológico: Muchas iglesias y centros comunitarios ofrecen terapia gratuita o a bajo costo para familias afectadas por la separación.
RECUERDA: Estar bajo supervisión de ICE no significa que no tengas derechos. La Quinta Enmienda de la Constitución te protege: tienes derecho a guardar silencio y derecho a un debido proceso.



