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Iglesia Common Grace (Foto gentileza de su congregación)
Madison.- El paisaje religioso de Madison está experimentando una profunda transformación. Ante la disminución sostenida de la membresía y la asistencia a los servicios religiosos, varias congregaciones están replanteando el uso de sus históricos edificios y explorando nuevas formas de servir a la comunidad. Antiguos templos están comenzando a convertirse en viviendas, centros comunitarios y espacios destinados a servicios sociales, en una tendencia que responde tanto a los cambios en la vida religiosa como a la creciente necesidad de vivienda en la ciudad.
Uno de los ejemplos más significativos es Common Grace, congregación surgida en 2021 de la unión de las iglesias Lakeview Moravian y Zion Lutheran. Ambas comunidades religiosas, que enfrentaban dificultades para mantener sus respectivos edificios y estructuras tradicionales, decidieron unir esfuerzos y buscar un futuro diferente.
El proceso comenzó durante la pandemia, cuando sus dirigentes se preguntaron si ambas congregaciones podían trabajar juntas para dar un nuevo uso a sus instalaciones. La respuesta fue afirmativa. Después de vender el antiguo terreno de Zion Lutheran para la construcción de viviendas, Common Grace emprendió la remodelación de su antiguo santuario del este de Madison.
El resultado será un proyecto que combina vivienda y servicios comunitarios. En octubre está prevista la inauguración de 26 unidades de vivienda para trabajadores y del nuevo Centro Comunitario Eastmorland, de aproximadamente 632 metros cuadrados.
El centro contará con un espacio multiusos con capacidad para unas 90 personas, destinado a reuniones comunitarias y actividades religiosas u otras expresiones de convivencia. También tendrá una cocina comunitaria, una despensa de alimentos y salas más pequeñas para clases de arte, programas extraescolares y espacios de trabajo para personas que necesiten reunirse o trabajar de manera remota.
La transformación refleja una nueva concepción del papel que pueden desempeñar las iglesias. Para Mark Elsdon, director de Threshold Sacred Development en Madison y antiguo líder del Ministerio Universitario Pres House, los edificios religiosos fueron construidos para responder a una época en la que la asistencia a los servicios religiosos constituía una de las principales expresiones de fe.
Sin embargo, esa realidad ha cambiado. Actualmente, muchas comunidades religiosas destinan buena parte de sus esfuerzos a programas de alimentación, emprendimientos sociales, vivienda y otros servicios comunitarios. En consecuencia, los grandes templos construidos décadas atrás ya no siempre corresponden a las necesidades actuales de las congregaciones.
Madison se encuentra en el centro de este proceso. Dos promotores inmobiliarios se han especializado en la transformación de espacios religiosos, con cuatro proyectos en diferentes etapas de desarrollo. Cuando estén terminados, estos proyectos podrían incorporar aproximadamente 300 unidades de alquiler o viviendas con restricciones de edad al parque habitacional de Madison, además de las 30 unidades construidas anteriormente en el antiguo terreno de Zion Lutheran y otros proyectos impulsados por diferentes desarrolladores.
La Iglesia de San Juan: una transformación de gran magnitud

Otro caso destacado es el de St. John’s Lutheran Church, una congregación con una larga trayectoria en proyectos de vivienda y revitalización urbana.
Fundada en los primeros años de Madison, la iglesia comenzó su historia en Main Street y posteriormente se trasladó a East Washington Avenue. Durante décadas, la congregación participó activamente en iniciativas destinadas a atender las necesidades de vivienda de la comunidad.
En la década de 1940, por ejemplo, impulsó la creación de Oakwood Lutheran Homes, actualmente conocido como Oakwood Village, en el oeste de Madison, como respuesta al creciente número de personas mayores que necesitaban vivienda.
La congregación también colaboró en la creación y administración de un centro de acogida para personas sin hogar con problemas de salud mental, actualmente administrado por Lutheran Social Services. Más adelante, St. John’s comenzó a proporcionar espacio adicional al albergue para personas sin hogar de Porchlight.
Pero el proyecto actual representa un desafío mucho mayor.
Con aproximadamente 110 familias entre sus miembros, la congregación enfrentó una seria crisis financiera en 2018 como consecuencia de décadas de disminución de la asistencia. Después de numerosas conversaciones, sus dirigentes decidieron nuevamente apostar por la vivienda.
El plan original contemplaba demoler el santuario para construir un edificio de aproximadamente 10 pisos con más de 100 viviendas asequibles y un espacio comunitario en la planta baja, donde la iglesia pudiera continuar celebrando sus servicios dominicales.
El proyecto inicialmente tenía un costo estimado de 30 millones de dólares, pero la pandemia de COVID-19 provocó un aumento considerable de los costos, elevando la inversión proyectada hasta aproximadamente 58 millones de dólares.
La congregación llegó incluso a abandonar temporalmente su santuario, celebrando una ceremonia de despedida en el otoño de 2023 y trasladando sus servicios a un espacio alquilado en el campus universitario, con la expectativa de comenzar pronto las obras.
Sin embargo, la financiación no se concretó como estaba previsto y la iglesia quedó aproximadamente 500.000 dólares por debajo de la cantidad necesaria.
La situación cambió cuando el vecino Hancock Center anunció su cierre y ofreció a St. John’s la posibilidad de adquirir la propiedad. Esta oportunidad permitió modificar el proyecto, reduciendo su altura y dimensiones a aproximadamente cinco pisos y disminuyendo considerablemente los costos de construcción, aunque manteniendo una cantidad similar de unidades habitacionales.
Los nuevos planes contemplan inicialmente viviendas para trabajadores cuyos ingresos se encuentren entre el 60% y el 80% del ingreso medio del área. En el condado de Dane, esto representa aproximadamente entre 55.000 y 73.000 dólares anuales por hogar. La iglesia contempla reducir progresivamente los alquileres para llegar a familias con ingresos menores cuando las condiciones legales y financieras lo permitan.
El proyecto todavía depende de la obtención de financiación federal. La congregación recibió señales alentadoras sobre posibles préstamos, pero esperaba una decisión definitiva para poder iniciar posteriormente el proceso de aprobación municipal.
“Lo importante no es el edificio, sino la gente”
La pandemia también produjo un cambio profundo en la manera en que muchas congregaciones entienden su misión.
Peter Beeson, pastor de St. John’s, explicó que la experiencia de la COVID-19 llevó a los miembros de la iglesia a descubrir nuevas formas de relacionarse. Durante los períodos de confinamiento, las reuniones religiosas y sociales se trasladaron al ámbito virtual, donde los integrantes compartían momentos de comunión acompañados de café y donas.
Para Beeson, aquella experiencia terminó de demostrar que la esencia de una iglesia no necesariamente está en el edificio que ocupa, sino en las personas que forman parte de ella.
Esta nueva visión está llevando a algunas congregaciones a considerar que vender, remodelar o incluso demoler un templo no significa necesariamente abandonar su fe. Por el contrario, puede representar una manera de trasladar esa misión a nuevas necesidades sociales.
Un cambio religioso que también es generacional
Los cambios en Madison forman parte de una tendencia más amplia en Estados Unidos.
Las encuestas muestran que la identificación religiosa y la asistencia regular a servicios religiosos disminuyen entre las generaciones más jóvenes. Según datos citados en el informe, aproximadamente el 50% de los estadounidenses nacidos en la década de 1940 o antes asiste a servicios religiosos al menos una vez al mes, mientras que entre los adultos nacidos en la década de 2000 la cifra se reduce aproximadamente al 25%.
También existe una marcada diferencia en la identificación religiosa. Cerca del 80% de los estadounidenses de mayor edad se identifica como cristiano, mientras que entre los adultos jóvenes el porcentaje disminuye al 46%, mientras que el 43% afirma no identificarse con ninguna religión.
Madison presenta niveles de participación religiosa inferiores al promedio nacional. El Censo Religioso de Estados Unidos de 2020 calculó que aproximadamente el 37% de los residentes del área eran considerados seguidores religiosos, frente a un promedio nacional cercano al 49%.
La misma encuesta registró más de 350 congregaciones en el área de Madison. Aunque la mayoría pertenecen a diferentes denominaciones cristianas, también existen aproximadamente 35 congregaciones de otras tradiciones religiosas, entre ellas comunidades judías, musulmanas, hindúes, budistas, sij y bahá’ís.
Algunos líderes religiosos describen actualmente a Madison como una comunidad “poscristiana”, reflejando la diversidad religiosa y el descenso de la participación institucional tradicional.
Templos antiguos frente a nuevas necesidades
Además de la disminución de miembros, las congregaciones enfrentan otro problema: el envejecimiento de sus edificios.
Muchos templos fueron construidos en una época en que las congregaciones eran considerablemente más numerosas y disponían de mayores recursos económicos. Hoy, esos mismos edificios requieren importantes inversiones para reparar techos, sistemas de calefacción, instalaciones eléctricas, estructuras y otros elementos.
Para congregaciones cada vez más pequeñas, mantener grandes edificios puede convertirse en una carga económica difícil de sostener.
La situación obliga a muchas iglesias a hacerse una pregunta fundamental: ¿cómo mantener viva su misión cuando el edificio que durante décadas fue el centro de su actividad ya no corresponde a sus necesidades?
La respuesta que están encontrando algunas congregaciones de Madison es convertir esos espacios en algo diferente: viviendas, centros comunitarios, despensas de alimentos, espacios educativos y lugares de encuentro.
La transformación no significa necesariamente el fin de la religión, sino un cambio en la manera de vivirla y expresarla.
En lugar de grandes edificios destinados principalmente a reuniones dominicales, algunas iglesias están optando por espacios más pequeños para el culto y utilizando el resto de sus propiedades para responder a problemas concretos de la comunidad.
Así, antiguos templos de Madison podrían tener una nueva vida como hogares para trabajadores y familias, centros de apoyo social y espacios comunitarios.
El fenómeno plantea una reflexión sobre el futuro de las instituciones religiosas: cuando cambian las necesidades de la sociedad, también pueden cambiar los espacios donde las comunidades viven su fe. Para congregaciones como Common Grace y St. John’s, la transformación de sus edificios representa precisamente eso: convertir una dificultad económica y demográfica en una oportunidad para continuar sirviendo a la comunidad.
En una ciudad donde aumenta la demanda de vivienda y servicios sociales, las antiguas iglesias podrían dejar de ser únicamente lugares de culto para convertirse también en lugares donde las personas puedan vivir, aprender, alimentarse, reunirse y construir comunidad.
